Algunos relatos de Edgar Allan Poe (12ª parte) El demonio de la perversidad

Volvemos hoy con Edgar Allan Poe y un relato muy importante dentro sus ensayos: El demonio de la perversidad. Poe nos pondrá en esta narración en la piel de un hombre que ha cometido un asesinato cuya conciencia torturará de forma continua hasta límites insospechables. También explicará a modo de moraleja en qué consiste ese sentimiento oculto que todo el mundo lleva dentro: El demonio de la perversidad.

Como siempre, en esta serie nunca desvelamos el final de los relatos, ya que a menudo son la parte más sorprendente de Poe. Si queréis, antes de leer este artículo podéis echarle un vistazo al relato completo, el cual podéis leer aquí (el enlace no es hacia Wikisource porque, extrañamente, no he encontrado este relato allí...).

Breve resumen del relato (sin desvelar el final ni datos claves)

Poe intenta explicarnos en qué consiste esa sensación que él denomina "demonio de la perversidad". Para ello, nos ilustra con la historia de un individuo que comete un asesinato para recibir una herencia. El crimen se lleva a cabo sin ningún problema y el asesino consigue escapar de cualquier sospecha. Sin embargo, a pesar de que la autoridad no ha conseguido ninguna prueba, los remordimientos y la incertidumbre atormentarán al protagonista y lo llevarán a realizar actos muy poco coherentes...

Análisis del contenido

Al igual que en otros relatos de Poe, en "el demonio de la perversidad" se juega mucho con el aspecto psicológico del personaje. El miedo a ser descubierto, los remordimientos, sus nervios... todo ello contribuye a crear un fuerte miedo interno por parte del protagonista. Como ya comentamos en cierta ocasión, este método de crear terror se llama terror psicológico. De hecho, este es uno de los relatos en los que se observa más claramente esta tendencia, ya que la mayor parte de la obra se produce en la mente del protagonista, que no para de elucubrar y reflexionar sobre las posibilidades de ser descubierto:

"Ni una sola vez cruzó por mi cerebro la idea de ser descubierto. Yo mismo hice desaparecer los restos de la bujía fatal. No dejé huella de una pista por la cual fuera posible acusarme o siquiera hacerme sospechoso del crimen. Es inconcebible el magnífico sentimiento de satisfacción que nacía en mi pecho cuando reflexionaba en mi absoluta seguridad (...) Pero le sucedió, por fin, una época en que el sentimiento agradable llegó, en gradación casi imperceptible, a convertirse en una idea obsesiva, torturante. Torturante por lo obsesiva. Apenas podía librarme de ella por momentos"

Otro aspecto destacable del relato es que, al igual que ocurrió con "Los crímenes de la rue Morgue", Poe hace una introducción antes de empezar con el relato en sí. En este caso habla sobre un sentimiento muy común: La necesidad de hacer algo simplemente porque está prohibido hacerlo. Poe lo llama "demonio de la perversidad", y para explicar más claramente en qué consiste usa el relato sobre el asesino. De hecho, la pequeña exposición que realiza a modo de introducción es mucho más extensa que la parábola que plantea al final, la cual ocupa apenas unos cuantos párrafos.

"Algo paradójico que podemos llamar perversidad a falta de un término más característico. En el sentido que le doy es, en realidad, un móvil sin motivo, un motivo no motivado. Bajo sus incitaciones actuamos sin objeto comprensible, o, si esto se considera una contradicción en los términos, podemos llegar a modificar la proposición y decir que bajo sus incitaciones actuamos por la razón de que no deberíamos actuar. En teoría ninguna razón puede ser más irrazonable; pero, de hecho, no hay ninguna más fuerte. Para ciertos espíritus, en ciertas condiciones llega a ser absolutamente irresistible. Tan seguro como que respiro sé que en la seguridad de la equivocación o el error de una acción cualquiera reside con frecuencia la fuerza irresistible, la única que nos impele a su prosecución"

A diferencia de otros relatos, Poe no da muchos detalles sobre sus personajes o la historia. En vez de dar las largas y detalladas descripciones a las que nos tiene acostumbrados, narra los hechos de forma sencilla y muy por encima, sin profundizar en ningún aspecto. Esto quizás se deba a que este relato es más bien un ensayo, una parábola sobre ese demonio de la perversidad del que habla en el prólogo.

"Sabía que mi víctima tenía la costumbre de leer en la cama. Sabía también que su habitación era pequeña y mal ventilada. Pero no necesito fatigaros con detalles impertinentes. No necesito describir los fáciles artificios mediante los cuales sustituí, en el candelero de su dormitorio, la vela que allí encontré por otra de mi fabricación. A la mañana siguiente lo hallaron muerto en su lecho, y el veredicto del coroner fue: «Muerto por la voluntad de Dios»."

También se notan muchas referencias a la frenología (una pseudociencia ya olvidada en nuestros días). No está muy claro si Poe creía o no en la frenología, ya que en el relato se critica bastantes defectos suyos. En la opinión de muchos expertos, Poe introdujo esta pseudociencia en su relato porque en aquella época tenía mucha fama y repercusión en la sociedad. Quizás con intención de vender más, Poe solía introducir pseudociencias como la fisiognomía o la ya mencionada frenología.

"Se dirá, lo sé, que cuando persistimos en nuestros actos porque sabemos que no deberíamos hacerlo, nuestra conducta no es sino una modificación de la que comúnmente provoca la combatividad de la frenología. Pero una mirada mostrará la falacia de esta idea. La combatividad, a la cual se refiere la frenología, tiene por esencia la necesidad de autodefensa"

Otro aspecto importante es que Poe no quiere crear una atmósfera de terror "puro", con paisajes oscuros, elementos sobrenaturales... sino que busca más bien el agobio emocional, intenta meternos en la piel de un personaje que está lleno de miedo a ser descubierto por la justicia, con angustia y desesperación (véase el primer punto que hemos comentado en este artículo). Los castillos abandonados, las mansiones solitarias y los cuervos negros no aparecen en este relato, que se desarrolla en una ciudad normal y corriente.

"Por un momento experimenté todas las angustias del ahogo: estaba ciego, sordo, aturdido; y entonces algún demonio invisible —pensé— me golpeó con su ancha palma en la espalda. El secreto, largo tiempo prisionero, irrumpió de mi alma."

Valoración personal/Recomendación

Este relato de Poe, que se aleja un poco de sus típicos cuentos de terror, intenta más bien demostrar una idea que él mismo expone, una teoría. El relato es sólo una excusa para mostrar su opinión sobre un sentimiento que lo atormenta (de hecho, el mismo sentimiento que padece el protagonista de este relato puede verse en otros de Poe, como en "El corazón delator").

Por supuesto, a pesar de no ser "lo típico", es un relato que mantiene la genial calidad de Poe. Quizás no sea tan emocionante como otros: Si eres todavía primerizo con Poe, recomiendo leer algún otro relato; pero si eres un aficionado a su literatura disfrutarás leyendo este relato tanto como con cualquier otro. Como ya he comentado, el principal elemento de este relato es el terror psicológico, el cual ya se ha presentado en muchos otros casos con Poe.

Fuentes

El demonio de la perversidad - Wikipedia
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6 comentarios:

Marcos Callau dijo...

Muy interesante este relato de Poe en el que se plasma el arrepentimiento, algo muy repetido posteriormente en diferentes expresiones artísticas. Ahora me viene a la cabeza la película "Perversidad" de Fritz Lang (Scarlet Street), precisamente, en que Edward G. Robinson es víctima de sus actos y su remordimiento.

Alejandro dijo...

A mi viene en mente al clásico "Crimen y Cástigo" de Dostoyevsky, curiosamente primero me léi a Poe y años más tarde me pase a las lecturas de Fyodor"! Ciertamente uno es una novela con más chicha (un clasicón) y la otra es puro terror obsesivo, pero hasta ahora no había caído en la similitud de base. ¡Ambas lecturas son geniales!

María dijo...

Hola Cendrero.
Edgar Alan Poe es un poco terrible para mi. Creo que parece un escritor fácil de leer y sin embargo, como no estés concentrada se te escapan párrafos enteros. Es bastante barroco escribiendo y ha sido divertido observar en este relato que precisamente eso es lo que él considera perverso. Lo resume en una frase genial: " No hay hombre viviente a quien en algún período no lo haya atormentado, por ejemplo, un vehemente deseo de torturar a su interlocutor con circunloquios" Lo cuál indica un sentido del humor muy particular… como su literatura.

Ya te comenté que, cuando leí tu entrada, recordé Crimen y Castigo, como ha hecho Alejandro, aunque sólo se relacionan en el punto central que desarrollan. Un crimen y el sentimiento de culpa. De hecho, el desarrollo entre ambos es bien dispar -salvando muchas otras distancias, por supuesto-. Un crimen por necesidad, otro por perversidad. Inmediatamente un sentimiento de culpa, inmediatamente un sentimiento de satisfacción. Una confesión por las dudas y las presiones, otra por ¿la obsesión de confesar?.
Quizá la reflexión que habría que hacer aquí es determinar por qué la idea de "ser tan tonto como para confesar" le produce al protagonista tanto terror como para delatarse...

Alive dijo...

Otro gran relato del gran Poe. Siempre me extrañó que hablase así al principio de la frenología, aunque supongo que lo haría, como dicen los expertos, por vender más.

Saludoss.

Dani dijo...

Hola Cendrero. He tardado en contestar porque este relato no lo había leído, o al menos no lo recuerdo. Curioso. Bueno, ya lo he hecho y me ha sorprendido bastante. La descripción que hace Poe de esa personalidad atormentada y maniática, es buenísima. Y las evocaciones a "Crimen y castigo" son inevitables, como bien le pasa a otros paseantes de este blog ;-). Gracias por el descubrimiento

ricardo dijo...

Hola lectores "atemporales".
El cuento de Poe me gustó mucho, me parece un ensayo metafísico.
Difiero en la parte en que argumentan que al protagonista lo atormenta el remordimiento de haber cometido el asesinato.
Lo que entiendo es que existe una necesidad imperiosa a revelar el suceso para satisfacer los sentidos, como cuando en la metáfora de estar cerca del precipicio el sentimiento de vértigo y malestar se convierten en una atormentada curiosidad para sentir el morir de esa forma tan mezquina.
Es el hacer un acción que redunda en nuestro mal-el corporal , no el del alma-, pues bien dice que lo podría atribuir a un acto del diablo sino es porque a veces actúa por el bien.

 

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